El gran fuego de Londres

Hace frío y hay
mucho silencio
a la hora del té.

Por un momento pensé
que sería otro día gris.

Pero ahora la lluvia
solo parece un juego

y no consigo entender
qué te ha traído
hasta mí.

Te veo ir y venir,
y jugarte la vida
en cada cruce,

mientras la ciudad entera
se va quemando en tu cuello.

Y, aunque el frío no se va,
la tonalidad amenazante
del rojo de tu boca

provoca que acoja
el verano que viene
como si fuera el presente.

Entonces me ves y
sonríes a quemarropa.

Londres,
¿me recibes?

Me parece
que hemos
encontrado
tu dragón.

La chica del chubasquero amarillo.

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