Si tú lo vieras, María

Hay un almendro
entregado al viento
que crece en mi puerta
a raíz desnuda;

que, con la mano en alto,
se ha abandonado
al pensamiento

de que sobrevivirá,
un año más,
al recuento
tras las heladas.

Si tú lo vieras, María,
sabrías que hablo de ti.

Porque solo tú
te paseas por la vida
anticipando la primavera,

cuando el invierno
aún no ha terminado.

La chica del chubasquero amarillo.

(Tomaos la libertad de sustituir a María
por cualquiera de vuestros nombres).

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