No digas que fue un sueño

Como siempre al anochecer
te espero algo distraída

y, otra vez,

acabo cayendo
en las mismas
trampas del miedo.

Sabes que odio las despedidas
y esta huele a recaída.

Sabes que sigo sin creerme
que a la tercera va la vencida.

Y, otra vez,

se agitan por dentro
todos los besos de los que
no puedes ser dueño.

Todavía revivo aquella noche
donde corrimos todos los riesgos.

Y, otra vez,

he recordado que
seremos para siempre
un par de locos de amor
con el freno un poco suelto.

Ya no sé andar a tientas,
así que no apagues la luz,
ni digas que fue un sueño.

Y, otra vez,

déjame que te diga,
bien cerquita y al oído,
que no creo en la casualidad

y que, si me encuentras
una y otra vez, se debe, quizás,
a que no quiero que te vayas.

Se me ha enredado la vida
en el desorden de tu nombre.

 

La chica del chubasquero amarillo.

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