El tiempo tras nosotros​

Aquí dentro sigue lloviendo
y no tengo ventanas.

¿Entiendes ya
por qué estoy
tan asustada?

Tienes razón.

Siempre quise
morir en primavera.

Aunque la eternidad
todavía tiene los días
más contados que yo.

Ya te lo dije:

nadie duerme
justo después
del invierno.

También dije que moriría por ti,
entre el ruido del tiempo,
a cualquier hora inquieta.

Y ojalá estuvieras aquí
en este espacio prieto.

No te encuentro,
así que,
por favor,
silencio.

Quédate quieto.

Está muy oscura
toda la ciudad
vestida de
gris.

Además hay niebla,
mi cuerpo tiembla
y no veo salida al mar.

¿Es esto,
la soledad?

¿Vivir arrastrada
por el viento?

Al menos, todavía
existes en la poesía,
(parte de mi buena suerte),

como si estuvieses,

como si fueses
alguna palabra
fuera de orden

que salta
sobre el fuego
con mucha rabia.

Pero no quiero
escribir nada más
sobre estas cenizas.

Porque,
en resumidas cuentas,

todavía te quiero.

 

La chica del chubasquero amarillo.

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