El viento que salvó Japón

Lo había enterrado todo
a gritos en un parque:

el amor,
la risa,
la vida

y hasta a ti,
que eras todo ello.

Aquella noche me querías llevar a casa,
y yo había prometido no dejar que lo hicieras.

Pero se desveló el viento
y no miento cuando aseguro
que quería levantarme la falda.

Te encogiste como si supieras
que hay alguien que te respalda
suspendido en el aire.

Y me dejé llevar en tu coche.

El semáforo se puso en ámbar
y decidiste frenar.

Esa era
la primera vez
que lo hacías.

Y de repente, rojo.

Siempre me he preguntado
si la mezcla de estos colores
da hambre.

Entonces me besaste
y ahora ya conozco la respuesta.

Mantuvimos el beso
mientras los semáforos
se ponían en verde.

Y puede que fuéramos en dirección contraria,
cuando se atropellaron nuestras miradas.

Qué más da.

¿Y si es verdad que los estadounidenses
se equivocaban, y kamikaze significa otra cosa?

La chica del chubasquero amarillo.

2 respuestas a “El viento que salvó Japón

  1. Qué bonito es leerte. Cuando giras el pomo y abres la puerta para dejar escapar tus letras, los demás notamos la frescura de la primavera llegando a nuestro interior. Porque por supuesto, estoy más que convencido de que no soy el único al que se le eriza la piel y se le resecan los labios leyendo tus poemas. Ojalá, algún día, te conviertas en un cohete que viaje a la Luna, y tu reflejo… llegue a todas las partes de este planeta!
    Enhorabuena! Y nunca dejes de sorprender…

    Le gusta a 1 persona

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