Libertad acaba en “idad”

Salimos por primera vez de la cama
y nos invade por completo
un frío extemporáneo.

La indomabilidad de un escalofrío que llega
rompiendo a golpes cada pulgada de piel.

Y hoy duele tan dentro
la inmutabilidad de este silencio
que ignora todas las veces que calló.

Como si nada de esto fuera por él.

Y el corazón nos recuerda la infusibilidad
de un sentimiento que no creíamos conservar.

Que si hace tanto frío por aquí
solo se debe a la implacabilidad de los huracanes
que se levantaron por el abrir y cerrar de tus pestañas.

Y, a pesar del tiempo, todavía nos sorprendemos
con la extraña posibilidad que aún poseemos
de habitar, por tiempo ilimitado,

en el pequeño hueco que forman nuestras manos.

Entonces es cuando demostramos la legitimidad
que tienen todos los besos que, por miedo,
nunca nos atrevimos a dar.

Y después de tanto llorar,
descubrimos la legibilidad de un mensaje
y la alta fidelidad de cada una de sus palabras:

“Que siempre serán mayores
las ganas que tenemos de luchar hoy,
que las que tendremos de huir mañana”.

Y es que a veces olvidamos
que no haría falta.

Que esto, amor, no es accidental.

Que tú y yo ya tenemos
más que conquistada
nuestra propia libertad.

La chica del chubasquero amarillo.

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