Tan irónico

Se miran y se vacían,
se adueñan descaradamente de sus risas,
para dejarlas volar siempre que la tristeza aprieta.

Se hablan con delicadeza,
se calman cuando el corazón tiembla
y se arropan con los sueños que dejaron ir.

Y un día vuelven a buscarse,
ahora que ya parece demasiado tarde,
dos niños vestidos con cachitos de cielo.

Un cielo que siempre ha amenazado con llover,
que arrastra silencios tan ruidosos
como si fueran truenos.

Y volvieron desgarrándose las ganas,
y ahogando todas las intenciones
en el suelo de aquel bar.

Bailaron con la duda,
se sacudieron el polvo de lo inesperado,
y ella se soltó el pelo porque no quería pensar.

Se encerraron dentro, tan dentro,
que jugaron a ver si conseguían estirar el tiempo,
porque allí descubrieron todo lo que se habían perdido.

Y al final, como suele pasar,
se marchó cabizbajo el invierno…

… y descubrieron que volver era
la forma más idónea para hacerse eternos.

La chica del chubasquero amarillo.

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