Qué casualidad

No es solo cómo nos miran.
Es el color azulado que toman los deseos
cuando creen que pueden cumplirse a nuestro lado.

Y también es el vértigo que me da cerrar los ojos y
que al día siguiente no nos reconozcamos.

Que no nos giremos si nos vemos,
o darme cuenta de que la poca suerte que tenemos
la estamos malgastando corriendo por caminos contrarios.

Y permíteme que le eche un último vistazo al diccionario,
porque sigo sin saber qué es lo que significamos.

Quiénes somos, quiénes queremos ser.
¿Qué pretendemos?

Te aseguro que,
si no fuera porque esto sigue siendo real,
hoy pensaría que nos hemos vuelto locos.

Y me sobraron motivos, te lo juro.
Me sobraron motivos para salir huyendo
cuando pensé que no volverías.

Pero qué casualidad,
que llegas justo cuando la poesía
deja de curar heridas.

La chica del chubasquero amarillo.

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